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MODELO MINNESOTA

 

El enfoque del Modelo Minnesota se caracteriza por ser un abordaje integral e interdisciplinar de la adicción, estando orientado hacia la abstinencia completa de todo tipo de sustancias que alteren el estado de ánimo del paciente que busca recuperarse. Se basa en la combinación de la aplicación del programa de  Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos junto a los últimos avances médicos, psicológicos, psiquiátricos y farmacológicos que se van sucediendo en el campo de la adicción.

La llamada “Experiencia Minnesota” partió de conceptos nuevos y cruciales, creando una filosofía de intervención radical y controvertida en aquella época. El  modelo de rehabilitación es intensivo y se encuentra a la vanguardia en cuanto a los conocimientos actuales para tratamientos de todo tipo de enfermedades adictivas, permitiendo que el paciente no se desligue de su medio ambiente totalmente, y facilitando su pronta reincorporación a sus actividades en un periodo de tiempo corto. Estas características propias del modelo son de gran beneficio, tanto para el individuo, como para su familia y la sociedad.

Una las ideas clave de sobre la que pivota este modelo es la concepción de la adicción como enfermedad –el llamado “disease model”- y no como una deficiencia moral o personal de la persona que la sufre. Sin embargo, esta concepción del alcoholismo como una enfermedad no es nueva, pues así era entendida ya a finales del Siglo XVIII por Benjamin Rush, el llamado padre de la psiquiatría americana.

Para este Modelo el concepto de enfermedad es defendible tanto desde la lógica como desde un nivel terapéutico, pues la anatomía del adicto puede ser comparada con la de las otras enfermedades en sentido clásico de la palabra. Además, la dependencia a sustancias químicas es vista como una enfermedad tiene sentido clínico: defiende el tratamiento humanitario para los adictos, mejora el acceso al tratamiento y promueve la abstinencia completa de todo tipo de sustancias químicas.

Si bien el Modelo inicialmente trataba de trabajar primero con la adicción del paciente y después con las enfermedades mentales añadidas que aquél pudiera padecer, en la actualidad se produce un tratamiento coetáneo de las mismas. Por otro lado, el Modelo reconoce que las consecuencias asociadas con la adicción se extienden a todas las áreas de la vida del paciente, siendo estás de índole físico, mental, social y espiritual. En cuanto a esta última, el Modelo se focaliza en el crecimiento espiritual, la dignidad del individuo y aboga el concepto de enfermedad crónica, sin cura conocida, con un cuidado continuado en recuperación.

Los objetivos que el Modelo pretende lograr son la recuperación integral del adicto y su reinserción en la sociedad mediante un tratamiento digno que favorezca la recuperación del mismo. El núcleo del tratamiento es el cambio del modo de vida, la recuperación se facilita con el apoyo del entorno natural que son la familia, los amigos y los grupos de autoayuda que el adicto debe utilizar con carácter permanente.

El modelo pretende alcanzar dos metas a largo plazo, por un lado, la de la abstinencia total a las drogas, y la segunda la de conseguir una mejor calidad de vida.

Para lograr las metas a largo plazo se trabaja con las metas a corto plazo que son, ayudar al adicto y su familia a reconocer la enfermedad y las consecuencias que esta trae.